domingo, 26 de agosto de 2012

Me apuntas con tu arma

Me apuntas con tu arma en silencio mientras miro tus ojos inconclusos, sedientos de explicaciones sobre el bien y el mal, el amor y el odio. Trato de refugiarme en cada centímetro de tus cabellos que persiguen al viento en esta playa tan absurda, donde el mar empieza en la arena de tu cuerpo.

Y trato de escapar de tus balas, disparadas con precisión de cazador, porque soy la presa de tu exquisito arte de matar con cada mirada que rechazas y tu intolerable capacidad de ignorar mis palabras en celo. Y continúo huyendo, tratando de refugiarme en los juegos de mi mente incendiada en recuerdos de una pasión calmada, lenta, que sólo se encendía cuando estabas.

Pasa el tiempo y mi herida no termina de sanar, porque este animal domado por ti perdió su sentido de orientación por la ausencia de su dueño. Y trato de sobrevivir, mientras confirmo que la mejor arma para asesinar es tu salvaje indiferencia.

¿Y qué si pienso en ti?

¿Y qué si pienso en ti? Tal vez sea cierto, soy un tonto por hacer tantos planes: viajar sin escalas al placer de dos cuerpos descarados en un vuelo sin regreso; amar sin restricciones ni cadenas impuestas por el pensamiento; recorrer el amor más intenso en contracorriente. Sí, soy un tonto. Te dibujo con la mente y cada trazo se esfuma, sin lograr definir tu cuerpo ni tu rostro, pinceladas que no me permiten identificarte y se difuminan mientras me desespero tratando de saber quién eres. Definitivamente, soy un tonto. Me declaro tu enamorado a tiempo completo, me considero tu amante más experto, me enorgullece afirmar que soy tu admirador más honesto. Tonto, mil veces tonto. Digo que te amo y aún no te conozco. Siento que no puedo vivir sin ti y aún no te encuentro. Sin embargo, vuelvo a gritar en silencio: ¿y qué si pienso en ti?, mientras un nudo en la garganta trata de desahogarse a través de estos ojos que buscan en cada calle un alma gemela que no llega ni se manifiesta. Tonto, un millón de veces tonto.